El poder de la iniciativa

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Cuando yo era adolescente, normalmente esperaba a que mi madre o mi padre me dieran instrucciones sobre qué tareas debía hacer. En mi casa no necesariamente habían tareas asignadas, pero siempre era esperado que mi hermana yo yo ayudaramos en lo que se necesitaba.

Con toda honestidad, no me gustaba hacer mucho más que leer, estudiar y jugar. Siempre fui un observador curioso de lo externo, pero sobre todo mi mundo interior. Recuerdo que trataba de entender por qué mi padre parecía disfrutar tanto arreglar cosas en la casa, incluso el coche, mientras yo permanecía completamente desinteresado por esas cosas. Siempre que la lavadora, la licuadora, la plancha o el automóvil necesitaban arreglo, él tomaba sus herramientas, desarmaba el objeto y se daba cuenta de lo que estaba mal y lo arreglaba. ¡La mayor parte del tiempo él arreglaba con éxito todas estas cosas mecánicas a mi asombro! No tenía formación en ingeniería o mecánica pero siempre se las arreglaba para saber que hacer.

Un día, después de verme esperar a que me dijera qué hacer, mi padre compartió una valiosa lección: me enseñó el poder de la iniciativa. No recuerdo exactamente lo que me dijo ese día, pero recuerdo claramente lo que estaba señalando. Él me enseñó a no esperar a que alguien me dijera qué hacer, sabiendo que puedo hacer algo para ayudar. Su principal consejo era servir y actuar sin esperar la aprobación de alguien.

Anoche, leí un pequeño libro del yogui indio, Paramahansa Yogananda llamado La ley del éxito. En este libro corto pero poderoso (que se puede leer en menos de 30 minutos), Yogananda comparte lo que él llama principios de verdad para alcanzar la salud, la felicidad y la iluminación espiritual. Un breve capítulo sobre el poder creativo de la iniciativa me transportó de vuelta al tiempo en que mi padre compartió su lección conmigo.

Yogananda afirma que el éxito en la vida no depende sólo de la capacidad y la formación; También depende de nuestra determinación de aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Una vez alineados a la Divina Voluntad a través de la meditación, podemos hacer uso de nuestros poderes de pensamiento y voluntad personal para lograr el éxito.

Él describe la iniciativa como una facultad creativa dentro de nosotros; una chispa del Creador Infinito que nos da el poder de crear algo que nadie más ha creado. La iniciativa nos permite ser libres e independientes, uno de los atributos del éxito.

La iniciativa comenzó a sonar mucho como innovación para mí. Ambos comparten la calidad de ser una chispa interna de la creatividad; ¡un empujón para iniciar algo nuevo! La innovación se promociona mucho en estos días, sin embargo, siento que se habla de innovación mucho, pero no se hace mucho para ponerla en marcha. Probablemente porque estamos tan ocupados haciendo lo que estamos haciendo. Y cuando nos inspiramos para innovar nuestro miedo nos impide tomar acción. Un pensamiento nos llega que nos dicen que es más "seguro" seguir haciendo lo que estamos haciendo.

El miedo agota la energía vital. Yogananda lo describe como el mayor enemigo de la fuerza de voluntad dinámica. Mi comprensión de los Tres Principios me ha enseñado que el miedo es sólo un pensamiento - y el pensamiento es algo fluido. Uno tiene la capacidad y el poder de dar vida a un pensamiento o ignorarlo y esperar a que un pensamiento más productivo y darle vida a ese. Yogananda dice: "Cuando la consciencia se fija en Dios, no tendrás temor, sino que todo obstáculo será vencido por el valor y la fe".

Para hacer que nuestra voluntad sea dinámica, Yogananda prescribe lo siguiente: 1) elegir una tarea sencilla o un logro en el que nos gustaría tener éxito; 2) asegurarse de que lo que elegimos es constructivo y factible, luego negarnos a considerar el fracaso; 3) concentrarse en un solo propósito, utilizando todas las habilidades y oportunidades para seguir adelante. Pero siempre estando seguros de que lo que queremos está de acuerdo con la Voluntad Divina.

Para Yogananda, el éxito se mide por la felicidad. Y la felicidad es igual a la paz mental. No tenemos que esperar a que nuestras circunstancias cambien, pensando falsamente que en ellas están nuestros problemas. Si poseemos la felicidad, poseemos todo; Ser feliz es estar en sintonía con Dios.

Dios es una palabra que hasta hace algunos unos meses acarreaba varias ideas en mi mente. Me he dado cuenta de que mis pensamientos acerca de la palabra Dios eran limitantes y me impedían experimentar lo que se comparte más allá de las palabras. Hoy, escucho la palabra Dios y simplemente pienso en la energía que anima a todos y a todo. Esta energía que tiene potencial creativo infinito y a la cuál tenemos acceso total porque nos creó y está creando a través de nosotros.

Fernando Perez